lunes, 7 de febrero de 2011

Tapeando con "Banderillas"

 Acuarela.40x28cm.
Encurtidos. Banderillas.

 En los bares Españoles es muy frecuente ir de tapeo, tomar un aperitivo antes de las comidas, sobre todo en fin de semana. La Banderilla es un encurtido típicamente español, lleva pepinillos, aceitunas,  guindilla o pimiento insertadas en un palillo , como una brocheta.
También se hacen las berenjenas ( famosas son las de Almagro). Es una mezcla de sabores, el ácido del encurtido y el picante de la guindilla.Recuerda a las banderillas de los toros. Es recomendable tomarlas con cerveza, pues el sabor del ácido estropea el sabor del vino.
Foto de un pepeinillo en su planta. fuente: Google.
Los pepinillos en vinagre son ricos en sodio, por cada 100gr- 960gr de sodio, no tienen colesterol. Los encurtidos se realizaron en mesopotamia, hace unos 4.500 años, extendiéndose por Asia y Europa, donde hoy existen multitud maneras de hacerlos según el país o región. Se usa en bocadillos, Hamburguesas, rellenos de pimiento rojo, y se usan para hacer la conocida salsa tártara.





Receta: Los pepinillos son pepinos pequeños pelados, puestos en salmuera unas horas y después macerados en vinagre con  sal y especias. Se necesita:  10 pepinillos, sal gruesa, un litro de vinagre blanco, pimienta y hierbas: (Tomillo, estragón, orégano.. )
 Se pelan y lavan los pepinos, cubriéndolos con sal gorda durante un día. Pasado este tiempo, se secan bien y se separan dejándolos secar medio día más, entonces se meten en un frasco y se rellena con el litro de vinagre blanco hervido, añadiéndole las especias, estará listo al cabo de unos días. Esta conserva es muy útil cuando en verano si tenemos huerta no sabemos que hacer cuando las plantas de los pepinos no  paran de dar frutos, de esta manera podemos seguir disfrutando  de ellos fuera de su época.
(Receta basada  en el  blog: BLOGRECETAS)



 Acuarela.40x28cm. por rosaprat.es©






Bueno .... aquí va mi historia:
Era  Invierno. Había llovido durante varios días en Barcelona,
las calles cercanas al barrio chino estaba llenas de charcos
y en algunos badenes inundadas...
Cómo cada tarde acudía a mi escuela de arte,
situada en un antiguo hospital, lleno de corredores y gárgolas.
No había llegado al arco que daba  al pequeño patio de la entrada,
deslumbrada por el  efecto del sol sobre las calles mojadas, cuando le vi;  Era mi amigo Chema.
Se me acercó y con su voz burlona me dijo:
- "La tardecita está de paseo, no me digas..."
Así que sin mediar palabra tomamos la empinada calle que bajaba a aquel submundo, lleno de viejas tiendas, bares destartalados, señoras en bata y rulos, camellos, prostitutas y demás fauna.
Nuestra parada obligada era un viejo bar, sólo tenía encurtidos y latas, estantes llenos de latas de anchoas, mejillones,  botellas vacías aparentemente negras, debido a la costra centenaria del polvo, una barra enorme de mármol, y el dueño con su amplia sonrisa desdentada...
Apenas había nadie a esas horas excepto los 4 o 6 jubilados que echaban su diaria partida de cartas,
(los suficientes para crear una opaca humareda con sus inacabables puros).
Uniéndose así  a la blanquecina luz tamizada por los sucios cristales.
Siempre nos sentábamos en la misma mesa, esas típicas de máquinas de coser "Sigma" antiguas. Casi rozándonos las rodillas pedíamos un vino
: -  un chatito!!
canturreaba el hombre, para al momento volver con el platito ovalado,
y las cuatro banderillas.; -  Dos para cada uno, cómo debe de ser...
No duraban ni un segundo, eran las mejores que había probado nunca, y pedíamos otro vino, para tomar otras dos...
Así iba pasando la tarde mientras hablábamos y hablábamos,
 sólo callando para observar los extraños personajes que entraban,
dignos de una película de Fellini. ya era de de noche,
el bar se estaba llenando, el dueño nos preguntó de dónde éramos: - Ah! una madrileña y un Jerezano!! y...  tomando banderillas... je, je...  .
De pronto su rechoncho cuerpecillo se estiró y dando saltitos de puntillas cojió una banderilla, haciendo el ademán de ponerla a una vieja bota colgada en una columna de madera...  Unos extranjeros viendo el show le aplaudían al acorde de olés y olés, hasta que el hombre se animó , rojo como un tomate, a repetir la acción, todos nos partíamos de la risa, contagiados por el ambiente y aquel vino oscuro, oloroso y peleón...  Miré entonces el viejo reloj y a pesar de la suciedad vi que eran las once y algo... _ Por Dios, vámonos. dije riéndome...
Al llegar a casa nadie me esperaba, así que me acosté directamente,
cayendo en un profundo sueño...
No sé si existirá aquel bar  todavía, lo que si sé es que mi  amigo,
artista sobre todo de la vida,  nos dejó hace un par de años y no hay una vez que no le recuerde cuando  veo o me como  una banderilla,  siempre digo.. Olé!! Aunque nunca tuve mejor amigo como él,  ni volví a probar unas banderillas tan  buenas...


Foto de mi amigo con mi silueta.



 Y como no.. esa canción que me recuerda a esos paseos por las ramblas.






                                Fotos, Acuarelas y texto por Rosa Prat